ASTURIANOS d'ASTURIAS n'ASTURIAS
27/01/2006
1.300.000 euros pra fer un cabanón pra oveyas, triste final pr'úa preciosa casona que foi fabrica de papel, central llétrica y hespicio.
Sestelo, historia viva
La casona castropolense, que acogió hospicianos durante la guerra, sigue abandonada tras su rehabilitación
Castropol
Aunque parezca sorprendente, la casona castropolense de Sestelo está condenada al abandono y a convertirse en un espacio de maleza habitado por un grupo de ovejas. Y todo después de que en ella se estableciese una escuela-taller para tratar de rehabilitar el edificio, con una inversión cercana a 1.300.000 euros. Cuando la rehabilitación estaba a punto de concluirse, la cancelación del programa dejó todo patas arriba y sumido en el abandono. Fue una determinación del Gobierno regional popular, que fue asumida después por los socialistas. Entre medias, se declaró un incendio en el módulo de carpintería que arrasó la maquinaria.
El inmueble, que cuenta con sótano, planta baja, tres pisos y bajocubierta, tiene completamente lista la planta tercera y la casi totalidad de la segunda, en donde se encuentran ya unas veinte habitaciones con baño totalmente terminadas.
Para darse cuenta de la proporción de las instalaciones baste decir que cada planta tiene una superficie aproximada de 230 metros cuadrados, lo que da idea, además, del nivel de las obras que hubieron de llevarse a cabo, puesto que el edificio fue vaciado completamente en su interior y rehecho. La finca que rodea la casa de Sestelo tiene, por su parte, cinco hectáreas.
La recuperación del edificio está íntimamente unida a la historia del Suarón, río que atraviesa la finca, ya que durante la contienda estuvo abierto como lugar de acogida de hospicianos que no habían llegado a conocer a sus padres, entre los años 1937 y 1951. De ahí que, cuando hubo que evacuralos del hospicio de Oviedo, hoy gran hotel de La Reconquista, incluso se decretó un alto el fuego para facilitar las tareas de evacuación en camiones, lo cual no era nada fácil, habida cuenta de que se tratata de unas 1.200 personas, ya que entre los huérfanos se encontraban también los locos de La Cadellada.
La expedición se fue fraccionando por el occidente asturiano, y los más pequeños se quedaron en Villapedre, los locos en Tapia, las niñas en Donlebún y los chicos de más edad se fueron a Sestelo.
De todas formas, fue Sestelo el que conservó un poco su carácter emblemático, y de ahí que su recuerdo permanezca más vivo que en los demás lugares. Un alumno ingresado en el centro unía el nombre de Sestelo a «guerra, hambre y palos», y reconocía que, para él, los recuerdos malos se sobreponen a los momentos buenos vividos allí. «No teníamos comida, puesto que llegaba un camión de vez en cuando», dice él, «y aún recuerdo tener que ir a los huertos de los pueblos cercanos a comer los nabos de las vacas abiertos, patatas crudas, que aún hoy me siguen gustando mucho; masticábamos incluso "artos", y a veces pescábamos truchas en el Suarón que teníamos que comer crudas por falta de medios para asarlas».
También tiene recuerdos para el tifus, la varicela y la sarna, que eran curadas a base de untarles el cuerpo con polvos de azufre a la orilla del río y de aguantar, a veces con lloros, hasta que ya no les quedaba otra salida que arrojarse al agua para liberarse del dolor del azufre.
Dos cosas señalaba, no obstante, como positivas: el que nunca les haya faltado la enseñanza y la escuela de compañerismo que se creó entre ellos, de modo que, entre quienes, durante los años siguientes, tuvieron la suerte de seguir viéndose, la lealtad común fue la norma. Cree, sin embargo, que el contar con monjas y comisarios de no mucha educación incidió negativamente en ellos.
Aunque los más veteranos recuerdan que en Sestelo existía una central eléctrica, lo cierto es que nació como fábrica de papel. La fábrica se fue apagando por la muerte de los primitivos socios hasta que fue comprada por Ángel Pérez, un vecino de la zona afincado en Estados Unidos. Reparó el edificio y lo convirtó en vivienda, instalando un pequeño salto de agua y una central eléctrica que suministraba energía a Vegadeo. La propiedad la adquirió el Principado para llevar a cabo un proyecto que nunca se llegó a saber cúal era su finalidad y que, además, quedó inacabado.
La Nueva España, 27/01/2006
http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pIdNoticia=369577&pIdSeccion=41&pNumEjemplar=1166
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None | 09-04-2007 22:28:21
maribel | 20-07-2008 23:38:06
elizabeth sestelo | 22-01-2009 16:36:44
Elizabeth, El fundador de la casona Sestelo fue mi bisabuelo, Angel Perez Perez. Hasta ahora no sabemos porque puso el nombre de Sestelo.
Katie
Katherine Dougherty | 01-03-2009 06:28:34
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SESTELO agora hotel-balneario | 2006-04-03 18:08:51
[...] Acordaisvos dos 1.300.000 euros gastados fer un cabanón pra oveyas?
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